Así están calificando, cada vez más personas, la actitud del presidente Donald Trump frente al proceso electoral del próximo mes de noviembre. Y es que la Constitución de los Estados Unidos y las normas legales son muy claras en el sentido de que la responsabilidad TOTAL de los procesos electorales en el país es de los estados.
¡Eso está muy claro! Bueno por lo menos eso pensaba la mayoría de estadounidenses hasta que al presidente le dio por empezar una verdadera andanada contra el estado de derecho y las instituciones democráticas del país que siempre se ha autocalificado como la democracia más fuerte y sólida del mundo.
Esto parece que ya es historia. Una y otra vez el jefe del poder ejecutivo ha intentado socavar la estructura del país para su beneficio personal y el de su partido el republicano que cada día que pasa ve todo cuesta arriba de cara a los resultados de las elecciones de medio término.
Trump está en un momento crítico. Sus cifras de favorabilidad son las más bajas de cualquier presidente en la historia moderna. Los resultados de las primarias han dejado resultados inesperados, o bien porque las distancias se acortan o porque han ganado los candidatos demócratas donde antes eran fortines republicanos.
A esto hay que sumarle el golpe de la inflación, el desempleo, el descontento por la guerra en Irán y también “el tira y afloje” con los archivos de Jeffrey Epstein que se han convertido en un verdadero fantasma que no deja tranquilo al inquilino de la Casa Blanca.
La respuesta de Trump no ha sido la búsqueda de soluciones a los problemas, como tampoco asumir sus responsabilidades. Si no que ha desatado una peligrosa escalada para salirse con la suya sin importar que se salte la constitución y las leyes que establecen el verdadero estado de derecho. Para él, parece que todo vale, o por lo menos eso ha demostrado, porque las derrotas en los estrados judiciales no lo han detenido.
Su primer zarpazo fue la idea de reclasificar los distritos electorales en estados claves con la única idea de ganar más bancas en el congreso federal. Hasta ahora estos cambios se realizaban cada diez años de acuerdo al censo poblacional que mostraba si había más o menos habitantes en cada región. Pero para Trump eso ha valido… muy poco. En unos estados le salió bien, pero en otros los demócratas también “se pellizcaron” e hicieron lo mismo.
Después, a punta de decretos, intentó frenar el voto por correo y poner otras cortapisas al voto de las minorías. Aquí también el poder judicial logró parar sus intenciones y mostró que su accionar estaba contra la constitución y las leyes.
Pero con él, como siempre ocurre, no hay punto final y entonces se metió por el camino de crear un proyecto de ley (SAVE ACT) que tuviera el mismo efecto de lo ya frenado en las cortes. Después de muchos intentos logró que se aprobara en la Cámara de Representantes pero, a esta hora, en el Senado Federal parece no tener futuro. El mismísimo jefe de la oposición demócrata, Chuck Schumer, sentenció que allí nunca se llevará a votación y mucho menos logrará una aprobación.
Esto desencadenó la furia presidencial que atacó a sus propios congresistas por no hacer más, y lanzó rayos y centellas contra la oposición. ¡Pero no logro nada!
Y por eso enfiló baterías hacia la Corte Suprema de Justicia, el máximo tribunal del país y la última palabra en estos casos.
Trump, sin ponerse colorado e ignorando la reacción de la gente que sabe que lo que está pidiendo está contra la ley y la constitución, solicito muy amablemente que por favor suspendieran el voto por correo. ¡Así de directo!
Pero si a usted, como a la mayoría, le sorprende el tamaño de la solicitud, lamento decirle que eso no es lo peor. Agarrense de donde puedan, porque, para sorpresa de todos, el máximo tribunal decidió aceptar la petición para su análisis y posterior decisión. ¡INCREÍBLE PERO CIERTO!
En condiciones normales y si fuera una corte seria, decente y respetable, la respuesta sólo podría ser una: rechazar la petición por ir en contra de la constitución. Pero no, han “abierto una enorme puerta” que lleva rumbo al abismo de acabar con la democracia de los Estados Unidos de América.
¡Así de sencillo! El hecho de que cuatro de los nueve jueces hayan estado de acuerdo en revisar tal petición es muy peligroso. La constitución es muy clara y lo volvemos a repetir: el proceso de organizar y manejar las elecciones es responsabilidad única y exclusivamente de los estados. ¡Eso es claro!
Ahora, cuando faltan tres meses para las elecciones, tendrá que realizarse una audiencia para escuchar a las partes y tomar una decisión. Si lo que se decida es más político que judicial, estaríamos ante el mayor golpe a la democracia en este país y ante un futuro negro e inimaginable.
Trump no quiere perder las elecciones de medio término. Todo indica que es la posibilidad más real en este momento. Cree que los demócratas votan más por correo. El sabe que si pierde el país sería ingobernable y que podría terminar en la cárcel.
Por eso como sabe que “tiene rabo de paja” no le importa hacer lo que sea para lograr su objetivo. Así tenga que cruzar la peligrosa línea ética que ponga a todos a pensar en trampas, fraude o hasta robo.
Por el bien de este país, ojalá no se llegue hasta este punto. ¡DIOS no lo permita!