¡QUÉ INSIGNIFICANTES SOMOS! La fragilidad ante la madre naturaleza


Crédito: Chat GPT

¡QUÉ INSIGNIFICANTES SOMOS! La fragilidad ante la madre naturaleza

Publicado por Contacto Total el 13 Ago 2026

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Primero fue en Venezuela con dos potentes terremotos y más de 6 mil muertos. Ahora, apenas unas semanas después, ha sido en Colombia. Otro poderoso movimiento telúrico de 7.4 grados detuvo el tiempo y dejó al todo el país y al mundo perplejo ante su poder destructivo.

Edificios, casas, apartamentos y cualquier tipo de construcción se sacudían como palmeras y luego caían como castillos de naipes ante el dolor, la angustia y la sorpresa de sus habitantes que sólo coincidían en suplicar a Dios clemencia, perdón, un poco de consideración, pero sobretodo benevolencia ante lo que “llamaban el fin del mundo” o “la hora del juicio final” y que nunca antes habían vivido.

En medio de la desesperación, hasta muchos ateos reconocieron la existencia de Dios. No tuvieron a quien más encomendarse. No entendían de dónde más podría estar llegando esta potente fuerza destructora sino era de un ser superior, de algo de otra dimensión o del creador de todo lo visible y lo invisible.

Y claro que tenían razón. Quienes han vivido dentro de caminos de fe, seguro que podrían entender un poco más lo que estaba ocurriendo. Una prueba a esa fe que muchas veces se pregona pero que no se siente, que no se vive, y sobre la cual no tienen certeza y mucho menos convicción.

Para el resto, lo vivido y sufrido en un minuto y medio de sacudón, se convierte en una “pequeña” muestra de que la evolución de la materia siempre va acompañada por lo que muchos poderosos hombres de ciencia (todos no creyentes) han terminado en reconocer como “la partícula de Dios” ese instante que va de lo humano a lo divino.

Esta vez fue un terremoto. En otras ocasiones ha sido y podría ser un huracán, un tornado, un incendio (fuego), una inundación (agua) o cualquier otra manifestación de la madre naturaleza la que nos confirme la fragilidad, la pequeñez, pero sobre todo lo insignificantes que somos los seres humanos.

Dirían las abuelas: pequeños llamados de atención que sirven para “aterrizar” a quienes por egolatría, vanidad, amor al poder o debilidad mental caen ante las tentaciones terrenales y pierden el sentido de las proporciones y el verdadero lugar que ocupan en esta fugaz existencia terrena.

Por el terremoto que golpeó con fuerza al suroccidente de Colombia las cifras de muertos seguirán subiendo (casi 300 en el momento que escribimos esta editorial) también la de los heridos (que se cuentan por miles); la de los desaparecidos (que son centenares) pero el mejor consejo para todos solo será: no se angustien, no se desesperen porque seguro vendrán otros y otros movimientos, como ha ocurrido desde siempre, y hasta el fin de la humanidad.

Y seguirá habiendo muertos y tragedias. Dolor y tristeza. Pero también momentos de alegría y felicidad. De triunfos y de éxitos. ¡Así es la existencia humana! Por eso, con el fresco recuerdo de lo ocurrido, con el corazón inundado de dolor y angustia, valdría la pena tener en cuenta que lo mejor es vivir cada día como si fuera el último, que lo más bello es hacer todo por amor, que debemos disfrutar cada instante con nuestros seres queridos y que después de cada caída nos debemos levantar con más fuerza y energía como si fuera la primera vez.

Pero lo más importante de todo, sin nunca olvidar que somos frágiles e insignificantes ante la madre, la madre naturaleza, es que una y otra vez nos deja claro que no somos nada (y más nos vale que lo tengamos presente porque tal vez no haya otra oportunidad).

¡QUÉ INSIGNIFICANTES SOMOS! La fragilidad ante la madre naturaleza
¡QUÉ INSIGNIFICANTES SOMOS! La fragilidad ante la madre naturaleza