De un sueño familiar a un legado: la historia de Xtylo Beauty College

Familia Vargas Arroyo, propietarios de Xtylo Beauty College
Crédito: CT

De un sueño familiar a un legado: la historia de Xtylo Beauty College

Publicado por Contacto Total el 27 Ago 2026

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María Arroyo llegó a Arizona desde Michoacán siendo casi una adolescente, sin saber exactamente qué encontraría en el camino. Veinticinco años después, aquella joven cosmetóloga se ha convertido, junto a su esposo Carlos Vargas y sus hijos, en parte de una empresa familiar que continúa creciendo y formando a nuevas generaciones en la industria de la belleza: Xtylo Beauty College.

A veces, las grandes historias de éxito no comienzan con un plan perfectamente diseñado. Comienzan con una oportunidad.

Hace aproximadamente 25 años, María Arroyo y su esposo, Carlos Vargas, llegaron a Arizona desde Michoacán, México. Se habían casado muy jóvenes y emprendieron el viaje acompañados por un hermano de María. Ella estaba por cumplir 18 años y Carlos tenía 19.

“No sabíamos exactamente a qué veníamos o qué era lo que íbamos a hacer”, recuerda María.
Lo que sí sabía era que tenía una profesión. En México se había graduado de una escuela de cosmetología. Lo que todavía no imaginaba era que aquella preparación terminaría convirtiéndose en la base de una empresa familiar.

Un comienzo lleno de miedo… y una oportunidad

Apenas tres meses después de llegar a Arizona, una conversación casual le abrió la primera puerta.
Carlos había ido a cortarse el cabello y terminó conversando con la propietaria del establecimiento, Lupita Villicaña, también originaria de la región de donde ellos provenían.

Cuando Carlos comentó que su esposa era cosmetóloga, recibió una invitación para que María acudiera a una entrevista. “Yo estaba muerta de miedo recién graduada de la escuela de cosmetología. No tenía ni la práctica ni la experiencia porque la educación es muy diferente allá que aquí ¿Cómo voy a trabajar? Yo nunca había trabajado cortando cabello”, recuerda.

Pero a pesar de sus dudas, aceptó y aquella experiencia se convertiría en una etapa fundamental de su formación profesional en Estados Unidos. María permaneció aproximadamente 10 años trabajando allí.

Después llegó un momento de incertidumbre: “Dije: ‘Quiero tomarme un año sabático’”, cuenta. Pero el descanso duró solamente cinco meses. “Dije: ‘Ay, no, como que siempre sí quiero trabajar’. No es lo mío estar en casa”. Así nació su primer salón propio.

El salón que cambió el rumbo
María comenzó prácticamente sola. Durante casi un año trabajó por su cuenta, hasta que la clientela aumentó y llegó el momento de contratar ayuda.

Fue entonces cuando empezó a relacionarse con estudiantes recién graduados de una escuela de cosmetología.

Y comenzó a escuchar. Los jóvenes le contaban experiencias que le hicieron preguntarse por qué algunos seguían estudiando en una institución que, según sus propios relatos, no estaba cumpliendo completamente con lo que esperaban.

Pero hubo algo que llamó particularmente su atención y es que solo existía una escuela de cosmetología que enseñara en español.

La situación le hizo pensar: “Creo que hay una buena oportunidad ahí. Hay una necesidad en nuestra comunidad”.

María no tenía experiencia administrando una institución educativa. Tampoco dominaba completamente el inglés. Pero tenía un local comercial que estaba desocupado.

Y tenía a Carlos. “Le dije a mi esposo, Carlos: ‘¿ Y si pongo una escuela de cosmetología?’ Y me dice: ‘Pues, órale’”.

La decisión estaba tomada. Lo que todavía no sabían era todo lo que vendría después.

“Después dije: ¿en qué me metí?”

De un sueño familiar a un legado: la historia de Xtylo Beauty College

Abrir una escuela resultó mucho más complicado de lo que María había imaginado. Tuvieron que enfrentar permisos, trámites, regulaciones y una gran cantidad de papeleo. Y, al mismo tiempo, María estaba criando a sus hijos.

“Yo no estaba familiarizada. El inglés era otra limitación”, explica.

Entonces tuvieron que aprender sobre la marcha. “Muchas trabas, te puedo decir, porque pues yo no estaba familiarizada con el inglés. Era otra limitación en ese tiempo”.

El proceso tomó alrededor de un año y medio. Finalmente, en 2014, Xtylo Beauty College abrió sus puertas. Y entonces llegó un problema que cualquier emprendedor quisiera tener: había más estudiantes de los que podían recibir. “En menos de un año yo ya tenía como 30, 35 estudiantes en un espacio súper pequeño”, recuerda María.

El lugar ya no tenía suficiente espacio y tampoco suficiente estacionamiento. “¿Qué hago? Hay más personas que quieren ingresar y no nos podemos mover”. La solución fue volver a invertir.

Crecer, invertir y volver a empezar

La familia adquirió una nueva propiedad, la acondicionó y volvió a comenzar.

Pero la historia se repitió. “Antes de tres años, igual ya estaba llena la escuela, tanto mañana como tarde. Ya no cabíamos”.

El crecimiento llevó a María y Carlos a buscar una propiedad aún más grande.

Así nació la segunda etapa de Xtylo, con otra sede propia en Tolleson, que comenzó operaciones en 2018 y que actualmente cuenta con un espacio de aproximadamente 10,000 pies cuadrados.
Pero el crecimiento tuvo un precio. “Nos tocó casi dos años, muchísimos préstamos, muchísimas deudas”, cuenta María.

Y mientras invertían en las instalaciones, también comenzaron uno de los procesos más importantes para la institución: obtener la acreditación que permitiría a sus estudiantes acceder a ayuda financiera federal. Fue un proceso largo. “Algo completamente nuevo, muchísimo papeleo. Nos tomó cinco años tener la acreditación”.

La anhelada acreditación llegó en 2019, lo que representaba un logro significativo que convertía a Xtylo Beauty College en la única escuela latina con este tipo de ayuda del gobierno que favorece a estudiantes que quieren estudiar pero no tienen los recursos económicos.

Una puerta que abrió otras

Hasta ese momento, Xtylo tenía una fuerte presencia entre estudiantes de habla hispana.

Pero el acceso a FAFSA significaba también llegar a estudiantes que habían terminado la preparatoria y que podían utilizar ayuda financiera para sus estudios.

“Ahora vamos a empezar a explorar el mercado en inglés y no teníamos maestros en inglés”, recuerda María. Una vez más, había que adaptarse.

Hoy Xtylo ofrece programas de formación en distintas áreas de la industria de la belleza e imparten clases tanto en español como en inglés . Su oferta académica incluye cosmetología, barbería, técnico de uñas y formación de instructores, entre otros programas. “Una de las carreras más solicitadas ahorita es la de barbería, esa incluye más que nada cortes de hombre, diseño, trenzado, permanentes y diseño de barba”, comenta María.

En cosmetología, por ejemplo, el programa contempla 1,500 horas de formación; barbería requiere 1,200 horas y el programa de técnico de uñas, 600 horas.

Pero para María, la educación no se trata solamente de cumplir con las horas requeridas. “Tratamos de ser muy humanos dentro de lo que cabe, de tratar de ponernos siempre en los zapatos del estudiante”.

Y agrega: “Siempre, antes de darlo de baja por parte de nosotros, buscamos cómo lo podemos ayudar”.

Una escuela que piensa en sus estudiantes

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María habla de su trayectoria con mucha franqueza. No presenta el crecimiento de Xtylo como una historia perfecta. “Hemos hecho muchos errores”, reconoce. Pero inmediatamente explica la filosofía que los ha acompañado: “Dentro del conocimiento que nosotros tenemos en el momento que lo estamos haciendo, pues tratamos de hacer lo mejor posible”.

Esa filosofía también se refleja en su relación con los estudiantes, que actualmente superan los 200 entre las dos sedes.

María sabe que muchos llegan con responsabilidades económicas y familiares, y que terminar una carrera puede convertirse en un desafío.

Por eso considera que parte del trabajo de la institución consiste en encontrar alternativas para que los estudiantes puedan continuar. “Siempre buscamos la manera que no se den de baja sin antes saber si es que los podemos ayudar”.

María también estuvo del otro lado del escritorio

Aunque actualmente su papel es principalmente administrativo, María no ha abandonado la parte educativa. Cuenta con licencia de cosmetología y de instructora de cosmetología y barbería.
Durante años estuvo directamente involucrada en la formación práctica. Su área favorita ha sido la clínica, donde los estudiantes tienen la oportunidad de trabajar con clientes reales.

Hoy cuenta con un equipo de aproximadamente 20 a 25 instructores entre ambas sedes y reconoce que el crecimiento de la institución le ha permitido delegar muchas de las funciones que antes realizaba personalmente. “Gracias a Dios, pues tengo muy buen equipo dentro de ambas locaciones”.

Cuando el negocio se convierte en una empresa familiar

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Quizá una de las características más especiales de la historia de Xtylo es que el crecimiento no se quedó solamente en María y Carlos. Sus hijos también se han convertido en parte del proyecto.

“Siempre hemos trabajado juntos con Carlos”, explica María.

La hija mayor, Emily, participa actualmente en el área administrativa de la escuela.

Y el segundo hijo, Carlos, siguió directamente los pasos de su madre en la industria. “Ya es instructor de barbería también. Ya tiene su licencia de instructor de barbería. Trabaja ahí en la escuela también tiempo completo”. El tercero, Matthew, aún está muy pequeño, pero sin duda en el futuro hará parte de Xtylo Beauty College.

La familia, además, mantiene otros proyectos empresariales relacionados con la remodelación y compra y venta de propiedades.

Así, Xtylo se ha convertido no solamente en un negocio creado por una pareja, sino en un proyecto que ha ido incorporando a la siguiente generación.

Más que una graduación

Para María, una de las mayores recompensas de todo este esfuerzo está en escuchar las historias de los estudiantes.

Recuerda particularmente una graduación reciente.

“Mi hija estaba grabando y comenta de una de las estudiantes…”, relata.

Aquella joven había llegado al final de su carrera después de enfrentar sus propias dificultades.
Y al graduarse expresó algo que conmovió profundamente a la familia. “Yo pensé que nunca iba a hacer nada con mi vida”.

Para María, escuchar esas palabras ayuda a entender el verdadero significado de lo que han construido. “Cada estudiante es una historia diferente”.

Y agrega que esos momentos pueden resultar especialmente gratificantes para quienes están detrás de la institución.

“Es bonito escuchar de estudiantes… porque también es reconfortante para nosotros”.

El regreso al lugar donde todo comenzó

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Y fue precisamente el crecimiento de Xtylo lo que llevó a la familia a mirar nuevamente hacia la primera sede. La propiedad, que habían adquirido en los primeros años de la escuela, seguía siendo parte de la historia de la institución, pero necesitaba una transformación.

En la sede de Tolleson, Xtylo tenía una lista de espera. Mientras tanto, algunos estudiantes de áreas cercanas a la primera ubicación rechazaban la posibilidad de inscribirse porque no les gustaba la apariencia del lugar.

María decidió escuchar nuevamente a sus estudiantes. “Eso nos empujó y dijimos: ‘Bueno, vamos a tener que cambiar todo el concepto para que el estudiante esté contento’”.

Y comenzó una remodelación que duró aproximadamente seis meses. El objetivo era crear un espacio más atractivo y cómodo para una nueva generación de estudiantes.

La renovación culminó con la pomposa reinauguración de la primera sede cuya ceremonia se llevó a cabo el domingo 16 de agosto y contó con la presencia de todo el personal y por supuesto, de un sacerdote que se encargó de bendecir la remodelada sede y acompañar a la familia Vargas Arroyo a cortar la cinta.

La respuesta no tardó en llegar: “Después de la reapertura, luego, luego se enrolaron 10 estudiantes más” contó emocionada María.

Para María, fue una confirmación de que había valido la pena volver a invertir en aquel lugar donde comenzó una parte fundamental de la historia de Xtylo.

El sueño que sigue creciendo

La historia de María Arroyo y Carlos Vargas no comenzó con la certeza de que algún día tendrían una institución educativa con dos sedes, un talentoso equipo de instructores y una nueva generación de su propia familia involucrada en el negocio.

Comenzó con una joven que llegó de Michoacán, una cosmetóloga graduada en México, una oportunidad inesperada, un espíritu emprendedor y las ganas de salir adelante. “Siempre hemos tratado de hacer las cosas lo mejor posible dentro del conocimiento que tenemos”, dice María.
Quizá esa frase resume mejor que ninguna otra el recorrido de Xtylo Beauty College.

Porque su historia no habla de un camino perfecto. Habla de una familia que aprendió mientras avanzaba y que convirtió cada nuevo obstáculo en una razón para buscar otra solución.
Hoy, la primera sede renovada representa mucho más que una nueva imagen. Representa el regreso a los orígenes.

Al lugar donde comenzó una apuesta que María hizo sin saber exactamente “en qué se metía”.
Y que, más de una década después, se ha convertido en un legado familiar y en una oportunidad para que cientos de estudiantes puedan escribir su propia historia.

Porque para María Arroyo, el éxito de Xtylo no se mide solamente en el crecimiento de la escuela, sino también en la posibilidad de que alguien que alguna vez pensó que no podía hacer nada con su vida pueda ponerse una toga, recibir un diploma y descubrir que sí podía.

De un sueño familiar a un legado: la historia de Xtylo Beauty College